viernes, 12 de noviembre de 2010

Cuando no muera

Cuando me percaté
de que mi cara esbozaba una sonrisa de niña inocente,
decidí renegar contra mi fenotipo.
Preferí pensar en la muerte
y cambiar la sonrisa inocente
por una sonrisa inevitable.
Aquella que acompañará las carcajadas
que gritarán sobre tu hombro
cuando venga a tirarte las patas en la noche.

domingo, 24 de octubre de 2010

Mientras Dios se tatúa la piel

Hoy, mis muertos no se callan.
Tampoco callan las monedas fundidas en azules amalgamas.
Porque me gusta el azul,
porque la sarna que cubre el césped es parte de mis pies,
porque es mejor venderse que quedar en vitrina.
El solsticio del día de ayer
cubrió parcialmente la frase atípica de sus sentidos,
sucumbiendo ante los episodios más monótonos de austeridad.
Mientras Dios se tatúa la piel,
cien oraciones perforan pieles vírgenes.
Apartando el silencio de los gemidos,
macerando el himen de las tonalidades grises.
Contra el muro, brilla el estandarte de la indiferencia.
Temo que mañana lloraré,
cuando el suicida masturbe su fe y sus creencias.
Sí, mañana lloraré.
Cuando suene la campana que acompaña mi siesta,
al mirar sobre mi hombro descubierto
y ver que no hay nada detrás.

lunes, 4 de octubre de 2010

Fíngeme


Engáñame en el retroceso de los nubarrones
que se robaron el día desde mis pies,
fingiéndole al amor enclaustrado
-teñido de saliva y humedales-
el aliento bermellón de tus uñas.

Miénteme cuando no te queden excusas
y vacíes los bolsillos de tus manos solitarias,
cuando sea el concreto,
el único paisaje que inhales por los ojos.
Fíngeme al mecer mis caderas,
porque adoro que me engañes
y amo que me mientas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

No contemplen mi muerte


No contemplen la veracidad de mi muerte
cuando sea yo, quien ría de la filantropía
absurda de sus lágrimas deshechas.
No seré yo quien alumbre la pompa fúnebre,
ni mi nombre, aquél que retumbe en el eco sigiloso
de tacones encerrados a media luz,
en algún otoño cercano.
Será el viento deshojándose en lluvia y no en aguacero.
Será el verbo, cuando los niños quieran salir corriendo,
cuando vean la fiesta vestida de negro,
entre bóvedas silentes de cuerpos olvidados.
Serán los viejos culpándose inútilmente
y esperando su propio tiempo,
quizás la próxima estación.
Será mi descendencia,
mi sangre vertida en ojos desconcertados
intentando abrazar un sol que insiste en despedirse
por última vez.
No contemplen la tertulia de claveles
que graban en memorias, el ataúd de madera.
Esperen al primer gusano que devolverá
lo prestado a la tierra, al fluido inmundo
de un cadáver sin propósitos ni riquezas.
No esperen recordarme,
ni siquiera esperaré la visita de un par de pies
que vagan sin un rumbo certero.
Sólo me sentaré a escribir como siempre,
pero ya sin tiempo ni prejuicios.
Sólo para morirme de pena
hasta que no exista razón que me separe de ella.

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Sería otra la historia?

Si es cuestión de destilarnos,
prefiero la espera.
El deseo estrecho de ansias y excusas
va forjando la mudez de los ojos
que se extraviaron en mis tobillos.
Fue la inmersión de los actos,
la autoridad inverosímil
de un solsticio apagado.
Encendemos velas,
quemando nombres
y lanzándolos a la espuma.
¿Sería otra la historia?
Ya no contamos.
Recordamos…
y bajo el manto azul
de una inconsciencia,
sollozamos entre cercas adornadas con mierda.
Porque la sangre ya no es sangre
y sangra lodo ensangrentado
desde la sangría sangrienta del corredor.
El rumor se lamenta
al instante en que el poder se suicida
colgando de los pies.

domingo, 15 de agosto de 2010

Púrpura

Con la tentación obturada en tintes púrpuras
sucumbí a la enredadera de vicios envenenados
que vistieron de universo elíptico
el manto oscuro y húmedo de la lluvia.
La sombra transparente giró la esquina
y se nubló la luz del término del día
al vaciar las arterias clandestinas
que congelaban las monedas tiradas en la acera.
Al cese de un estruendo
tropezaron los perros que lamían la brisa,
triturando el hogar opaco de un vagabundo cubierto de despedidas.
Un piano, a lo lejos,
alcanza a besarme los zapatos
mientras la calle se acerca a mi cabeza.
Una cucaracha hambrienta se metamorfosea con un sueño
y la nombro mía;
mía, como un vientre cubierto de esperas;
como el brillo de un faro bajo la escarcha;
mía, como el tiempo que aún no llega.
Comienza a llover y no es agua.

lunes, 19 de julio de 2010

Eso fue...

Fui ayer sal que renegó el acero;
oblicua seda que derramó tinta negra
bajo la cobija de oro pintada en lluvia.
Fuimos largos pasos;
humedales en franca decadencia
y caricias perversas de ridículas estaciones.
Fuiste la carne que masticó el diente;
un dedal enredado entre agujas
que vertió mares en nubes vaporizadas;
una lengua deshidratada,
un ojo al revés
y un dedo que ya no apunta.

Peces