viernes, 22 de mayo de 2009

El foco de atrás

(A Mónica Troncoso, por la genial idea del foco de atrás)



¿Ves a la gente pasar por la calle?
yo solía verla cuando el foco de atrás
con tenue brillantez,
alumbraba mi vereda.

Deslumbraba la inocencia de las siluetas calladas,
amortajaba el llanto de la luna en calma.
Cuidando las almas perpetuas de sal,
alzando el tiempo de su luz, sin piedad.

Calla,
¿oyes las voces que circundan el foco de atrás?
las polillas se retuercen entre el musgo del pedestal.

Anillando el cascarón de las sombras
las heridas de las nubes caen a mis pies,
rozando con ansias el manto gris del invierno
hundida en la vereda singular del viento.

¿Deseas retornar a la luz que te entregaba el foco de atrás?
piénsalo bien,
hoy somos una sombra que esquiva el sendero
que se desvanece sin razón ni causa
bajo la oscuridad de aquél tendedero.

martes, 19 de mayo de 2009

Pluma de cristal

Fragilidad del alma que entona la imaginación
dibujando sin límites de espacios
en cada centímetro de la mirada ansiosa
que teje, acompañando a una voz,
el clamor de la aurora.

Racimo de circunstancias que crecen
que endulzan la individualidad de una frase,
estallando en la artimaña de la lucidez
por cada humano que se arrulla en su cauce.

La pluma,
merecedora de idolatrías extasiadas
tatuando la danza de la locura sin causa,
alzando la copa de vino embelezada.

El cristal,
desafío de un grito sin nombre,
sutileza de un par de noches en agonía,
la caricia de esta loca
que sobre versos
C
A
M
I
N
A

Como el vino tinto

Reluces al mirarte en un templo de colores vermellón
intentando arrastrar una despedida sin final,
aferrándote al encuentro de un pasado distinto a los demás,
cuyo aire se evapora en la inspiración de tu voz.

Ardiendo junto al veneno de tus recuerdos
devoro los frutos de la dulce plegaria de tus gemidos;
mientras el periódico de ayer anuncia sin compasión
-atónito bajo tus manos-
que el día ha partido.

Alrededor de tu tibia piel se resbala la experiencia de amores,
arrancando en cada pálpito la inevitable costumbre de tu encanto
saciando con el sabor de tus labios, con el fuego de tu aliento
la esperanza de mis días, bebiéndote en cada roce
-como el vino tinto-
entre la geometría singular de tu noche.

martes, 12 de mayo de 2009

Día de la Enfermera

Renaces en cada llanto, en cada pedido de ayuda
Cautivando el dolor de noches agónicas
Brindando el canto ideal de la compañía final
Rasgando el tiempo, congelando los instantes.

Alcanzas aquella semilla del río de los sueños
Llegando al extremo de un sinfín de entregas
Dibujando con un trazo de sonrisa, la silueta de la vida que se escapa
Cual guardián de un templo de realidades libres.

Recorriendo un pasillo desvanecido de histerias
Atraviesas, sin caer en el dominio de la oscuridad,
El reflejo del despertar que susurra el aire
Dejando la vida, en un beso moribundo y dispuesto a partir.

Duerme niñita

Duerme niñita, entre los lirios de la alfombra,
olvida el calendario que tiende a repetir
las mismas sombras que se enfrentan a tus pasos
brotando en destellos que retroceden con sigilo.

Ni siquiera los gritos derretidos que atraviesan el umbral
que incesantemente susurran sobre tu espalda
abrirán la ventana de luz que se alejan de la realidad,
sollozando en el pasillo del muro de tus sueños.

Duerme niñita, acurrucada en los brazos de un recuerdo,
admirando el silencio que poco a poco se desata.
Alejándote del verbo de la injusticia,
de los presentes corporales de la bestia que te tiene aprisionada.

El olor a tabaco que destilan sus manos,
hurgando entre la inocencia de futuras miradas
recogen, sin un mísero pensamiento
el sepulcro de tus días felices.

Duerme niñita, que en el regazo de esta noche sin tormenta
serás el ave que privada de su plumaje
surcará el cielo más allá del tiempo,
a la espera de un nido que no detendrá la sonrisa añorada.

Duerme niñita, yo seré tu compañera
ahogando los espacios de aquél inconciente
sosteniendo tu mano en el vacío
llevándote a mi lado, sin sollozos ni escalofríos.

domingo, 3 de mayo de 2009

Un gato negro en el tejado

Mirando hacia al sur;
los ojos palpitantes de grises esquinas,
observando la vida apagada en un hilo del tendedero
y ella, con la silueta entre sábanas, indiferente a la escena sobre el tejado
oye el tren que a lo lejos se escapa con el viento.

Sus memorias sin sentido, bajo el techo sin cielo raso
se acurrucan en las palabras de amor que antaño llenaban su existencia.
La cruz de su sigiloso compás al andar
yacen hoy en un charco de lluvia desgastado.

¿Es éste el símbolo de fidelidad que mis últimos minutos,
llenos de extraños silencios,
se aferran a la religión de los sueños de su vestido?

La vista ofuscada, sin solución aparente
dibuja cada mechón de su cabello
y sus manos, reveladas en caricias interminables
se encuentran con el eco de mi aliento moribundo.

¿Es éste mi último lecho,
el frío y cruel término de mis días junto a ella?

Las sábanas del tendedero han grabado su silueta
y sin conocer las lágrimas, se reflejan con dolor en mi alma sin suerte.
Así se va el silencio de mis temores,
tan insignificante, tan irremediablemente olvidado.

Seré uno más de tantos absurdos agónicos,
que pasan su vida enamorados de la nada;
seré, el abandonado
sólo un gato negro más que muere en el tejado.

lunes, 27 de abril de 2009

Memorias de un hombre muerto

Si pudiera contar una historia
narraría al tiempo como mi fiel escudero
y entre tanto que pienso en los recuerdos de mi olvido
asiento, con una rosa en los labios
mi cruel y desesperado destino.

El camino que mis ojos taciturnos han extraviado
lleva el tatuaje de cielos que se aniquilan,
cansados de sus verbos contraídos
se esparcen bajo la tormenta que lentamente se avecina.

Una cortina rasgada me mostró el mundo
amortajado de cenizas que mis pisadas iban dejando;
callado, en el abismo de mi inconsciente taciturno
nacían las aves de mi espacio, con sigilo caminando.

El racimo de los instantes congelados en segundos,
crueles espasmos de sonrisas apagadas,
ofuscados de placeres inmundos,
ofrecían el precio de habitaciones incendiadas.

Rápido como un beso furtivo
robado, casi secuestrado
la vida se fue desvaneciendo
impregnada de arrepentimientos que en el ayer he arrastrado.

Las raíces de mis entrañas que ruidosas se revelan
repiten sin cesar las voces de mi conciencia,
reprimen los gritos de las almas que celan
agónicas y extraviadas, cada instante de mis vivencias.

Hoy no lloro por estar triste
ni sonrío por estar feliz
ser un ente sin sentimientos, preso y libre
me hace pensar en lo insignificante que es morir.

Debajo de esta tierra sin vida
absurda, extraña y compartida
se retuercen las memorias sin sentido de un muerto que alucina
y entre sueños imposibles que en soledad se mimetizan.

Peces