lunes, 6 de septiembre de 2010

No contemplen mi muerte


No contemplen la veracidad de mi muerte
cuando sea yo, quien ría de la filantropía
absurda de sus lágrimas deshechas.
No seré yo quien alumbre la pompa fúnebre,
ni mi nombre, aquél que retumbe en el eco sigiloso
de tacones encerrados a media luz,
en algún otoño cercano.
Será el viento deshojándose en lluvia y no en aguacero.
Será el verbo, cuando los niños quieran salir corriendo,
cuando vean la fiesta vestida de negro,
entre bóvedas silentes de cuerpos olvidados.
Serán los viejos culpándose inútilmente
y esperando su propio tiempo,
quizás la próxima estación.
Será mi descendencia,
mi sangre vertida en ojos desconcertados
intentando abrazar un sol que insiste en despedirse
por última vez.
No contemplen la tertulia de claveles
que graban en memorias, el ataúd de madera.
Esperen al primer gusano que devolverá
lo prestado a la tierra, al fluido inmundo
de un cadáver sin propósitos ni riquezas.
No esperen recordarme,
ni siquiera esperaré la visita de un par de pies
que vagan sin un rumbo certero.
Sólo me sentaré a escribir como siempre,
pero ya sin tiempo ni prejuicios.
Sólo para morirme de pena
hasta que no exista razón que me separe de ella.

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Sería otra la historia?

Si es cuestión de destilarnos,
prefiero la espera.
El deseo estrecho de ansias y excusas
va forjando la mudez de los ojos
que se extraviaron en mis tobillos.
Fue la inmersión de los actos,
la autoridad inverosímil
de un solsticio apagado.
Encendemos velas,
quemando nombres
y lanzándolos a la espuma.
¿Sería otra la historia?
Ya no contamos.
Recordamos…
y bajo el manto azul
de una inconsciencia,
sollozamos entre cercas adornadas con mierda.
Porque la sangre ya no es sangre
y sangra lodo ensangrentado
desde la sangría sangrienta del corredor.
El rumor se lamenta
al instante en que el poder se suicida
colgando de los pies.

domingo, 15 de agosto de 2010

Púrpura

Con la tentación obturada en tintes púrpuras
sucumbí a la enredadera de vicios envenenados
que vistieron de universo elíptico
el manto oscuro y húmedo de la lluvia.
La sombra transparente giró la esquina
y se nubló la luz del término del día
al vaciar las arterias clandestinas
que congelaban las monedas tiradas en la acera.
Al cese de un estruendo
tropezaron los perros que lamían la brisa,
triturando el hogar opaco de un vagabundo cubierto de despedidas.
Un piano, a lo lejos,
alcanza a besarme los zapatos
mientras la calle se acerca a mi cabeza.
Una cucaracha hambrienta se metamorfosea con un sueño
y la nombro mía;
mía, como un vientre cubierto de esperas;
como el brillo de un faro bajo la escarcha;
mía, como el tiempo que aún no llega.
Comienza a llover y no es agua.

lunes, 19 de julio de 2010

Eso fue...

Fui ayer sal que renegó el acero;
oblicua seda que derramó tinta negra
bajo la cobija de oro pintada en lluvia.
Fuimos largos pasos;
humedales en franca decadencia
y caricias perversas de ridículas estaciones.
Fuiste la carne que masticó el diente;
un dedal enredado entre agujas
que vertió mares en nubes vaporizadas;
una lengua deshidratada,
un ojo al revés
y un dedo que ya no apunta.

sábado, 19 de junio de 2010

Elegía imposible

Hoy la noche es blanca.
Blanca como el ojo recostado en mi lomo.
Hoy el frío es denso, callado.
Se arrima y se entrega en estados mentales
que reniegan el humo violeta de sus pestañas.
Hoy ya no es noche ni día.
No es sombra ni esputo.
Hoy, es ronquido austero de elegías imposibles.
Hoy es hoy y no será mañana.

miércoles, 9 de junio de 2010

Me sometí

Me sometí a lo impúdico;
a la crudeza inmoral
de palpitarle a lo ajeno;
a confesarme ante una tabla
que destiñe cuerpos olvidados,
extraños y apacibles.
Me separé del hecho
vociferando improperios
desgarrados en tildes
que no debieron imprimirse.
Hice el amor un par de veces
y en otro par de oportunidades
decidí morir.
Pero el infortunio revivió mis sienes
y clavé los hilos de la vulgaridad
que tejen hoy, la indecencia
del resto de mis días.
Fui eco en yemas azules;
fui hueso y viento
de ojos astillados;
fui sombra que no se borró;
fui coágulo de verano
adherido al pavimento.
Sin embargo, me sometí.
A lo impúdico, a lo insólito
y a ti.

martes, 1 de junio de 2010

Que te follen


Despellejé la cobardía
al torturar la oscuridad
bajo un par de pies embarrados.

Me arrodillé y pedí perdón
-sin culpa-
sin una maldita culpa que
deshiciera en sal y azufre
el asqueroso reflejo
que se retorcía en tus uñas.

Maldije tu odio
borracho de abriles
que no se recuerdan
-ya no se recuerdan-.

Y en la ansiedad de opacar
el vicio indecente que rodea
la mugre de tu lengua,
pacté tu vergüenza en mis sienes,
grabé el aliento de tu vómito
en mi vientre
y me largué
-me fui a la mierda-.

Desde la mierda te lancé el último beso
mientras cultivaba el odio
que alimenta mi voz y mis entrañas.
Y grité
-como nunca en mi puta vida grité-


¡Que te follen! ¡Que te follen de una vez!


Y reí,
como nunca en mi vida reí
cuando te partieron el culo por la mitad.


… Te miré a los ojos
y vi que ya no eras tú…
-era yo, era yo-

Peces